toda una locura, decía el subnick de su cuenta...
Como si adivinara lo que mi mente pensaba una y otra vez, una locura, locura... solo una locura...
Dentro de ese frío salón... frío y cotidiano salón, me miró y me sopló un beso, el cual como brisa ligera llegó hasta mí. Sonreí . Nuestros ojos, entrelazados , se fijaron. Miradas profundas, para mí, no existía nada, nadie. Lo miraba y era eso. Su mirada.
Aún sigo cautiva de esa serenidad pacífica, y de su boca tiesa, que no confiesa lo que de su mente brota. Solo alguna veces, deja entrever sus débiles y miedosos sentimientos, quizás no sea basta para mí, pero él lo termina todo diciendo, NO OTRA VEZ.
El juego es de mi poderío, yo hice las reglas, yo soy la dueña, él mi contrincante, mi fiel adversario, mi amante en silencio. Y todo nos cuesta, el silencio del día a día, las crisis de su corazón, el perfume amargo del adiós, y el hasta cuando nos podamos ver otra vez. Lejos de los ojos de la sociedad acechante, que quiere asesinarnos la ilusión... lejos de los ojos y de las bocas de las críticas, lejos de los malos ratos... solo él y yo. Esto, pasó hoy,hoy, y todos los días pasados... está escrito en el aire, está deletreado por mis manos, está escrito, y aún resuena, aún hay huellas de este día que pasó.
Testimonios de una noche corta:
Todavía guardo la sensación de desparramo sobre el colchón... que serenidad, que misterio que empañaba los vidrios de aquel lugar , de ese lugar, de EL LUGAR. Mientras el reloj caminaba, todo era disfrute... ningún ruido, ninguna persona. El vacío, de sentirse solo, la libertad de sentirse volando . Danzaban nuestras manos al compás de sus latidos, y como una noche de verano, todo quieto, en silencio esperaba afuera.
Complices una vez más de lo prohibido estábamos ahí. No importó el suspiro rancio de la gente, no importó el que dirán, solo sé que entramos allí... y no hubo cuerpo que lo resistiera.
En el trasluz de la cortina, la intrépida iluminacion de la calle quería robarnos una fotografía de las almas en vela del comienzo de la explosión más pura entre su pecho y el mío. Muchas vueltas dieron los cuerpos, y como un video, las sombras dejaron plasmados, en el suelo, el tiempo de estos dos...
Ni un centímetro de distancia, ni un milímetro de cordura... todo quedó detrás de aquella puerta que juntos cerramos, y nos echamos a vivir... Solo el eco de la risa, y la luz de su mirada, solo la sensacion de volver a entrar a aquel lugar, pero esta vez, él sin mí y yo sin él.
Hoy, Inmóviles los dos, entre la picardía de lo que no podemos pronunciar, y la complicidad de los días pasados, esperamos los próximos segundos para seguir jugando. ¿jugando?. jugando. sí.
él lo entendió. Jugar. Que triste juego, me corre la posibilidad de la exclavitud de mis reglas.
jugar, jugar, y solo jugar. YA LO ENTENDIÓ.
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